REVIVIENDO LA INFANCIA* Por Consuelo-Mar Justiniano

“Brinca la tablita uno, dos y tres; bríncala tú ahora que yo me cansé…” “Cheki, morena, cheki, Cheki, morena, ¡jue! ¿Que dónde está ese ritmo caramba del merecumbé?” “Arroz con leche, se quiere casar con una viudita de la capital. Que sepa tejer, que sepa bordar, que ponga la aguja en su campanal”. ¿Recuerdan estas melodías?

Con el nacimiento de Sofía Valentina, evoqué muchas canciones de la infancia que creí olvidadas. Como fui la única hembra de mi casa, jugaba a solas en mi cuarto con las muñecas. Les cortaba el pelo, les “cosía” ropa e inventaba romances para ellas. Siempre estaba hablando sola. Sin embargo, en la escuela los juegos infantiles eran compartidos e implicaban canciones. Recuerdo las ruedas en el patio cantando “Brinca la tablita”, “Arroz con leche” y bailando “Cheki morena”. Han pasado años desde eso, me sorprende el interesante juego de la memoria.

Hoy día, los juguetes infantiles han variado mucho. Mis recuerdos solo implican muñecas, peluches y juegos de cocina en miniatura (cosa que jamás le regalé a mi hija). No quise obsequiarle nada que implicara labores domésticas ni que perpetuara los estereotipos femeninos. Mientras mi chica era pequeña no fue suficiente recordar las melodías de mi infancia, tuve que aprender a jugar con otras cosas y hacer distintas actividades.

Por ejemplo, mi hija tuvo un carrito de compras que ella halaba de un lado a otro mientras el aparato tocaba distintas sinfonías. Tuvo otro en el que se montaba, tocaba la bocina, tenía radio con música y hasta un baúl donde guardaba otras cosas. Además, recibió una jirafa que tenía ruedas y en la que también podía montarse e ir de un lado a otro, mientras arrastraba por el rabo a una jirafa más pequeña. Tuvo un correpasillos que incluía muchas funciones: música, baile, letras, asociaciones, etc. Como si fuera poco, le regalaron una “casa de campaña” llena de bolas que yo aprovechaba para guardar adentro todos los demás juguetes posibles y evitar los regueros.

Mi infancia fue muy silenciosa, mientras que la de ella fue un alboroto. Todos sus juguetes tenían sonidos. Eran “chulitos” hasta que salían sonando en el silencio de la noche mientras dormíamos. Una vez pensé cómo caramba (si estábamos acostadas) se activaba un perro de juguete que salía ladrando y caminando cuando detectaba movimiento. Tanto fue así que por evitar indagar demasiado y pensar en lo sobrenatural, opté por botarlo.  

Las actividades de recreo eran otra cosa. No recuerdo que me llevaran a parques para niños. Tuve una infancia muy pasiva, de milagro no fui una niña obesa. Para mí llevar a Valentina al parque no era una opción, sino un requisito. Tenía tanta energía que si no hacía algo para que la liberara me volvía loca. De modo que subirla a los columpios, a la chorrera y dejarla correr, era la solución perfecta.

De mi infancia lo único que tenía para ofrecerle eran las canciones que volvían a mi memoria. Ella lo agradecía con una sonrisa, unas palmaditas, un baile, un abrazo. Bastante que cantábamos y bailábamos a la hora del baño. Cuando ya era más grandecita, yo le decía que me dejara cortarles el pelo a sus muñecas (como hice con las mías), pero ella nunca me dejó hacerlo.

En sus años infantiles reviví muchas memorias de mi infancia que me llevaron a concluir que, aunque silenciosa, tuve una inocencia feliz. Tan feliz como la alborotada niñez de mi hija. ¡Cómo pasa el tiempo!  Ayer la niña era yo… “Veo, veo. ¿Qué ves? Una cosita. ¿Con cuál letrecita? Con la letra I…”

*Tomado del libro Soltera con compromiso “Guía para criar sin volverse loca” (2013) y adaptado para esta edición de Le.Tra.S.


Sobre la autora

Consuelo Mar -Justiniano se desempeña como profesora universitaria, bloguera, colaboradora radial, redactora, editora y gestora cultural. Tiene un doctorado en Filosofía y Letras con especialidad en Literatura de Puerto Rico y el Caribe del Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe. Es autora del libro Soltera con Compromiso “Guía para criar sin volverse loca”, del poemario Inconcluso.S. y del texto La metáfora de la mirada en los personajes femeninos de la narrativa de Olga Nolla y Ángeles Mastretta. Actualmente trabaja en otro libro.