Letras inéditas


En cada escuelita hay muchos niños lindos y muchas niñas bonitas. Te contaré sobre dos niñitas con muchas trencitas: una tiene brillosas trencitas de azabache y la otra alborotadas trencitas de rubí. Cada día las dos se van de aventuras.


Tenía nueve años la primera vez que entré por ese castillo. Recuerdo ver escenas parecidas a aquellas que veía en mi televisor. Al entrar, me sentaron en un trono y comenzaron su magia en mí.


Verano

Entre recuerdos divago y me doy cuenta de que tengo un rollo de cine por memoria. Aquella tarde de verano llega de repente; la piscina azul en casa y todos mis primos ahí. No sabía nadar, pero no importaba; la piscina no era tan grande.


El olor de una calurosa mañana de verano, 
casi tan bueno como el café que compartía con mis primos
Dos pedazos de pan y una silla tan grande como la estatua de la libertad, 
a la que tenía que subir todos los sábados por la mañana.
Miré por la ventana y vi a Angie, Steven, Cheo, Gordo y Eny, jugando béisbol.

De mis momentos más felices puedo destacar todas esas veces que jugaba con mis amigos fuera de la casa cuando estaba en mi etapa de la niñez. Me hacía sentir muy especial el hecho de que a pesar de que yo fuese el niño nuevo del vecindario, ellos me incluyeran en su grupo.