¿CUÁL PODRÍA SER LA PLAYA NACIONAL DE PUERTO RICO?

Ensayo reflexivo inspirado en el tono argumentativo y cultural de «El Chango como pájaro nacional» de Magali García Ramis

Por: Joan Jiménez Marrero

Nuestra identidad como puertorriqueños se presenta principalmente según símbolos estáticos: los cantos del coquí, los pétalos de la flor de maga o la verticalidad de la palma real. Pero hay algo que no es solo geográfico: uno de los atributos definitorios de nuestra psique colectiva y la historia natural de nuestra vida diaria, una de esas cosas es la playa, una fuerza casi invisible. Si un día decidimos escribir una parte de un término para la “Playa Nacional”, sería más intenso de lo necesario, ya que cada puertorriqueño lleva una costa en su corazón, tan cerca de sus corazones como podemos llegar. Presento a los candidatos para el podio playero. Saliendo de la estética de la postal, seleccionemos un símbolo que sea importante para nuestra experiencia en la isla:

Playa Flamenco (Culebra) – La que encierra nuestro deseo de perfección. Reconocida en todo el Caribe y a nivel internacional como una de las 10 playas más hermosas del mundo. Es conocida por la textura de su arena blanca y sus extraordinariamente bien definidas aguas turquesas. Pero por su distancia física, pues hay que cruzar el pasaje de Vieques, la hace un paraíso de fin de semana más que un refugio diario para la mayoría.

Crash Boat (Aguadilla) – Aquí está la playa vibrante y colorida. Tiene un muelle que ha llegado a representar a nuestra hermosa isla, mostrando que es animada y bulliciosa con gente de todo Puerto Rico. Aquí los deportes, la música y las grandes reuniones la convierten en el escenario ruidoso, pero intensamente orientado a las personas.

Playa Luquillo – Un lugar accesible y familiar. Durante años bajo sus palmas, y el abrazo vigilante de El Yunque, la tranquila calma de sus aguas la ha convertido en el lugar de encuentro de la democracia popular. Se apoya en la supervisión comunitaria y en una fuerte asistencia para asegurar una representación efectiva de su entorno social.

Así que dejo sobre la mesa otra sugerencia:

La Playuela (Playa Sucia) – Si queremos una playa, una que represente quiénes somos los puertorriqueños desde el momento en que entramos en la punta suroeste de esta isla por su belleza agreste, resiliencia natural y profundidad histórica, La Playuela en Cabo Rojo es tan buena opción como cualquier pieza de un rompecabezas. Los complejos turísticos urbanos requieren trabajo, pero La Playuela nos obliga a viajar al sur y caminar bajo el sol hacia el extremo suroeste del pueblo. Cuando lo hace, compone una foto de nuestro geográfico mar turquesa, altos acantilados y bosques secos. Cerca (y en parte el único lugar del Faro de Los Morrillos) lleva un fuerte peso histórico, recordándonos que somos una posición estratégica importante en el mapa mundial. Sin ninguna infraestructura importante, esta playa promueve un sentimiento de conservación ecológica en Puerto Rico para la era digital.

No obstante, sin ánimo de sonar contradictoria o insegura en mi pensamiento persiste el deseo de que el mar Caribe sea la opción para representarnos. Elegir solo una playa es en última instancia imposible. Pero el ejercicio de imaginar una “playa nacional” nos recuerda que, incluso si solo estás flotando allí, el mar no es solo una barrera territorial, sino que es de hecho un aspecto esencial en lo que nos convertimos como individuos y un patrimonio natural que debe ser preservado. Al final, nuestra playa nacional es donde, como resultado, la sal golpea nuestra piel, recordándonos que ser isleño significa vivir con el horizonte como una promesa.


Sobre la autora

Con una trayectoria de más de 15 años en la educación superior, Joan Jiménez Marrero se destaca como una académica polifacética y apasionada por la enseñanza en diversos escenarios. Ella cuenta con una sólida formación académica que incluye un doctorado en educación y maestrías en escritura creativa y en administración, lo que le permite integrar el rigor administrativo con la sensibilidad humanística y creativa. Ha sido profesora en cursos de educación general y español, así como una figura central en la supervisión de prepráctica y práctica docente, además de entrenadora de futuros practicantes.