Por: Anyolina Guzmán Abreu
Te levantas, pero es solo tu cuerpo, porque tu espíritu permanece ovillado bajo la colcha,
y quisieras permanecer allí, incólume, donde nadie te sienta, ni te vea.
Y es que…hay días…
Hay días en los que no quisieras levantarte porque ni a eso le encuentras sentido.
Hay, días… Hay días en los que luchas con encono
contra tus ojos tratando de impedir, inútilmente,
que las lágrimas mojen tu cara y salen tu boca, sin una aparente razón.
Pero es que… hay días… Sí, hay días en 1os que te salan la boca
y no entiendes por qué, o quizás sí, sí lo sabes, pero no quieres aceptarlo.
Hay días en los que te niegas a ver que te sientes algo cansada,
porque el cansancio te cansa; y te empeñas tanto en esconderlo,
que hasta se vuelve parte de ti; y es tan perfecto que nadie lo nota.
Nadie se da cuenta de que, allá, muy en el fondo, estás agotada,
hastiada de luchar ¡para qué!
Te entristece aceptar que estas luchas son eternas,
porque las guerras internas nunca acaban, y cuando acaban, es porque ya es el fin.…
¡Hay días!… Hay días en los que preguntas
¿cuántas cosas has hecho por amor a ti? ¡Por complacerte! Y te entristeces al descubrir
que has hecho como poco, casi nada.
Hay días…Días en los que descubres que, prácticamente, todo lo haces en función de los demás, por ayudar, por complacer, o por dar el mejor ejemplo a seguir, y, ¿para qué?
¿para luego descubrir que fue en vano?
¿que tus esfuerzos no surtieron efecto?
¡Que los ejemplos pasaron desapercibidos!
Caminas preguntándote: ¿Qué hice mal?, ¿en qué fallé?, ¿por qué fallé?…
¿Falta de conocimiento? ¡Tal vez!
¿De experiencia? ¡Quizás!
¿Estará envuelto, acaso, el exceso de amor? ¡Podría ser!
Porque todos los excesos son malos, pero no lo sé a ciencia cierta,
y es que… Solo sé que hay días…
Hay días en los que no quieres pensar porque lacera;
no quieres recordar porque las reminiscencias abren heridas
que creías cicatrizadas.
Te niegas a soñar porque los sueños truncos solo dejan sinsabores y olores a derrota. Indudablemente…Hay días…
Hay días en que rendirte sería el camino fácil, demasiado fácil, diría yo,
pero a la vez, el más escabroso; a medida que avanzas en él
te conduce a abismos insondables; y te pesan los pies,
y los arrastras como a ramas secas, tostadas y ruidosas…
y es que, en ocasiones la vida no te sabe a nada.
Pero es que hay días…
Hay días en los que te dices: “Bástate de mi gracia, porque mi poder se perfecciona en tu debilidad” …

Sobre la autora

Anyolina Guzmán nació en Salcedo, República Dominicana. Años más tarde (1996) se radicó en Caguas, Puerto Rico. En el año 2002 obtuvo el grado de bachiller en Ciencias Sociales con concentración en Comunicaciones en la Universidad del Turabo, hoy Universidad Ana G. Méndez, recinto de Gurabo. En el 2004 obtuvo el grado de Maestría en Asuntos Públicos con concentración en Administración de las Artes. Guzmán, además de dedicarse en sus ratos de ocio a la escritura y a la pintura, es profesora de español y oficial de retención, del recinto de Gurabo. En el 2023 obtuvo su grado doctoral en Filosofía y Letras, con especialidad en Literatura de Puerto Rico y el Caribe, del Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe. En el 2013 publicó su primer poemario Destellos del alma; en el 2025, Latidos y el libro de cuentos De paso fino y sus moralejas.
