Por: Gisela del Rosario Carreras Guzmán
Iván llegó tarde a su clase de Humanidades, ese curso que muchos consideraban de “relleno”. Entró con el pulso acelerado; el pecho le oprimía como si cada segundo contara. Ajustó la silla, respiró hondo y decidió no rendirse.
—Iván, ¿quieres leer tu párrafo en voz alta? —preguntó la profesora, con una voz que acompañaba, no presionaba.
Al comenzar a leer, algo lo detuvo. Sintió el peso de explicar frente a sus compañeros, de mostrar lo aprendido y de no equivocarse. Sus dedos apretaron el papel con más fuerza de la necesaria.
Nunca había sentido así lo que leía. La literatura, que hasta entonces había sido un ejercicio distante, se abrió ante él con otros ojos: duda, risa contenida, sorpresa.
Cada oración encendía una ventana hacia algo más profundo, y un mundo que siempre había existido comenzaba a revelarse.
Cuando terminó, salió al pasillo. Guardó el papel sin revisarlo. Caminó unos pasos, respiró hondo y sintió algo que no necesitaba explicación. No era certeza.
No era calma.
No era suyo.
Era como si algo antiguo, olvidado, hubiera vuelto a latir: vida, emoción y magia.

Sobre la autora

Gisela del Rosario Carreras Guzmán nació en Mayagüez, Puerto Rico. Cuenta con un bachillerato, una maestría y un doctorado en Estudios Hispánicos, con concentración en Literatura Hispanoamericana, de la Universidad de Puerto Rico (Mayagüez y Río Piedras). Lleva veinte años enseñando en diversas universidades y, desde hace trece, se desempeña como Catedrática Asociada en la Universidad Interamericana de Puerto Rico, Recinto de Bayamón. Entre sus colaboraciones académicas, destaca una entrevista a la escritora chilena Guadalupe Santa Cruz, publicada en la Revista Alba de América bajo el título “Las mujeres y la ciudad: hacia un punto de encuentro”. También ha publicado artículos de crítica literaria dentro y fuera de Puerto Rico en revistas como: La Torre, Sapiencia, Le.Tra.S. y Revista Iberoamericana, entre otras.
