CUENTOS

Diariamente, a las seis en punto, sonaba el despertador. Lo había regulado con precisión de relojero: debía ser lo bastante fuerte para mí, pero leve para no despertar a Marta


Lo último que me dijiste antes de dejarme fue que me verías en el infierno, y ahora que estoy aquí, te busco y te busco y no te encuentro. Hace años creí verte ahogándote en un lago de agua hirviendo, pero no, no eras tú.


—¡Ocultemos todo, rápido, debajo de la alfombra!
—¡Apúrate, que nos va a ver!
—Paula, hoy es día de palabras positivas, ¿sí? La palabrita de dos letras queda afuera. Quiero arrancar el lunes con buena vibra.


Salí de mi trabajo artesanal de construir palabras para la compañía SomeWords. Cerré mi libreta y tablet. Guardé mi bolígrafo. Esta semana gané $102.95.Cada vez es más difícil este trabajo desde que surgió el computronio.


El hielo en el vaso de güisqui se va extinguiendo sobre la barra de madera maciza traída de los Alpes. La música del local suena por lo bajo y el eco de las voces resulta ininteligible, pero ninguna es la tuya. El Chino se desenvuelve muy bien como barman, mientras yo sigo esperando por ti.


Ángel, cuyo nombre fue dado por aquellos que admiraban su pintura, disfrutaba del arte de pintar querubines en sus obras. Desde muy pequeño, mostró sus virtudes con el pincel, lo que lo llevó a participar en varios certámenes.