HONOR A QUIEN HONOR MERECE Por: Consuelo Martínez Justiniano

“¡Oh qué enorme mentira he inventado para sembrarle un árbol a la verdad!”

Olga Nolla

Olga Nolla: vida y obra

La escritora puertorriqueña, Olga Nolla Ramírez de Arellano, nació en Río Piedras en 1938 y murió en Nueva York en 2001. Fue descendiente de una familia acomodada de poetas y narradores. Estudió primaria y secundaria en el Colegio La Milagrosa de Mayagüez, ciudad a la que sus padres, Olga Ramírez de Arellano y Antonio Bernabé Nolla Cabrera, se habían trasladado cuando ella tenía cinco años. Nolla nació bajo una prominente familia del patriciado puertorriqueño que incluye destacados miembros gubernamentales como sus tíos políticos, Luis A. Ferré, gobernador de Puerto Rico y Miguel Ángel García Méndez, presidente de la Cámara de Representantes de la isla. Transcurrió su niñez y adolescencia en un ambiente privilegiado entre Mayagüez y el recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico y entre las ciencias naturales y la poesía. Su padre era doctor en fitopatología, mientras su madre era una reconocida poeta con múltiples publicaciones.

Cursó estudios de bachillerato en Ciencias Naturales, con especialización en ciencias biológicas, en Manhattanville College, Purchase, Nueva York. Regresó a Puerto Rico y contrajo matrimonio con Carlos Conde, con quien procreó dos hijos. Durante la niñez de sus proles se dedicó a la crianza y pospuso su interés por la literatura.

En 1967 empezó sus estudios formales de literatura junto a su prima hermana, la escritora Rosario Ferré Ramírez de Arellano. Junto a Rosario dirigió y fundó una de las más importantes revistas literarias del país, Zona de Carga y Descarga, que circuló de 1972 a 1975. Esta revista sirvió para difundir, inicialmente, de manera regular la obra de Nolla, Ferré y muchos de los escritores de la generación del setenta.

Más adelante se divorció y entró por primera vez en el mundo laboral. Fue periodista de El Nuevo Día y Prensa Libre y trabajó por un año en el Departamento de Asuntos del Consumidor del Gobierno de Puerto Rico, escribiendo libretos para educar al consumidor. En 1978 se incorporó al Colegio Universitario Metropolitano, hoy Universidad Ana G. Méndez (UAGM). Comenzó como guionista y telemaestra del Centro de Estudios Televisados. Con su experiencia profesional y una Maestría en Artes con especialidad en Estudios Hispánicos de la Universidad de Puerto Rico, impartió cursos de Humanidades y Español en el Departamento de Humanidades de la antigua UMET, donde laboró veinte años de su vida y durante los que escribió la mayor parte de su obra literaria hasta su muerte. 

Como profesora se dedicó no solo a enseñar en la sala de clase, sino a otras tareas culturales. Se distinguió en múltiples congresos literarios organizados y patrocinados por la Institución, debatiendo sobre literatura e historia, entre otros temas. Visitaron la universidad figuras del mundo intelectual y escritores como Nicanor Parra, el antipoeta chileno, quien, durante su visita a Puerto Rico, acuñó la palabra olganollano; Manuel Benítez Rojo, que tuvo gran influencia en Nolla desde su obra La isla que se repiteManuel Puig, el controversial escritor argentino; la mexicana, Ángeles Mastretta; el chileno, Luis Sepúlveda y la historiadora puertorriqueña Ivonne Acosta, entre otros.

Al llegar a la antigua UMET, Nolla había publicado ya varios libros de poesía: De lo familiar (1973), El ojo de la tormenta (1976), El sombrero de plata (1976) y Clave de sol (1977). Además, parte de su obra se encontraba dispersa en periódicos y revistas como El Mundo, El Nuevo Día, Mairena, Cayey y Claridad, donde continuó publicando. Una vez en la universidad, publicó Dafne en el mes de marzo (1989), Dulce hombre prohibido (1994), considerado por los críticos como uno de sus poemarios más logrados y El caballero del yip colorado (2000).

Nolla, a pesar de su reconocimiento como poeta, prefirió en los últimos años la narrativa. No era un género nuevo para ella; sus cuentos habían sido publicados en antologías y revistas destinadas al país, a Estados Unidos e inclusive a Europa. Sus primeros cuentos se publicaron en revistas puertorriqueñas en los años setenta y ochenta, entre ellas Sin Nombre y Caribán. Ediciones de la Flor de Argentina publicó su primer y único libro de cuentos, Porque nos queremos tanto (1989). Nolla incursionó en el género del cuento con el relato “Besitos de coco”, el cual publicó primeramente en Zona de Carga y Descarga en 1973 y “En esta casa no puede haber polvo” recogido en el número antológico de la revista Sin nombre, dedicado al cuento puertorriqueño en 1975. Ambos cuentos plantean la decadencia de la burguesía isleña. El segundo relato explora, además, el tema feminista. El cuento “La princesa y el juglar” figuró en su poemario Clave de Sol que, aunque escrito al estilo de la literatura infantil, presenta alegóricamente la condición de la mujer en el Puerto Rico de la década de 1970.

Luego se dedicó a la novela: La segunda hija (1992), El castillo de la memoria (1996) y El manuscrito de Miramar (1998). Estos títulos, sobre todo los dos últimos, que publicó la editorial Alfaguara, convalidan su lugar como narradora y le abren las puertas del mercado editorial internacional, sobre todo latinoamericano. La segunda hija obtuvo en 1994 el primer premio en la categoría novela del Pen Club de Puerto Rico.

A lo largo de las últimas tres décadas, Nolla realizó diversas actividades afines con su labor creativa y docente. Fue editora de Palabra de mujer, revista de la Federación de Mujeres Puertorriqueñas, organización en la que también militó, durante los años 1976 y 1977, ya que se involucró en la lucha por los derechos civiles de las mujeres de Puerto Rico. Perteneció, desde su fundación en 1984, a la Junta Editorial de Cupey, revista de la Universidad Metropolitana, (hoy Universidad Ana G. Méndez) la que dirigió de 1987 a 1997 y en la que colaboró asiduamente con ensayos y crítica literaria. En ella fijó, para la memoria colectiva, las transcripciones de los congresos literarios de la UMET (ahora UAGM) y brindó la oportunidad de publicar sus trabajos a escritores consagrados como Rosario Ferré y Rodríguez Juliá, a escritores noveles (en aquel entonces) como Mayra Santos-Febres y estimuló a escribir y publicar a múltiples de sus colegas de la universidad. 

A mediados de los años noventa produjo para la Fundación Ana G. Méndez el curso por Servicio de Televisión Interactiva (ITS) Narrativa puertorriqueña: imaginación y realidad del que también fue animadora y libretista. Participó en conferencias a través de toda la Isla, en México y Estados Unidos, tanto en instituciones educativas como culturales; en ellas discutió su obra y la narrativa femenina en Puerto Rico. Representó a nuestro país en diversas actividades internacionales, entre ellas la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (1996 y 1998), el Festival Internacional de Poesía de Medellín (1998), la Feria Internacional del Libro de Santo Domingo (1999) y la Feria Internacional del Libro en Puerto Rico en (1999).

En 1999, durante la Semana de la Mujer, el periódico El Nuevo Día la distinguió como una de las mujeres más destacadas del año y fue escritora residente en la Universidad Ana G. Méndez. Como último reconocimiento recibió, en México, el Premio Internacional de Poesía Jaime Sabines 2000 por su obra Únicamente míos.

Se publicaron póstumamente: Únicamente míos (2001) y Rosas de papel (2002).

Sobre las obras narrativas de Nolla

Porque nos queremos tanto (1989), es una colección de cuentos en el que Nolla denuncia la hipocresía de las instituciones religiosas, como, por ejemplo, en el relato “La felicidad de Robertito”. También trabaja el tema histórico en relatos como “Ojos de mar y cielo”. En este libro la autora muestra que en el mundo hay demasiada violencia, pero deberíamos tratar de evitarla.

La segunda hija (1992) es la historia de Clara, su hija y su nieta, quienes expresan las transformaciones socio económicas de la isla de Puerto Rico en los últimos cincuenta años. Es una novela de mujeres cuyas vidas giran alrededor de la figura del padre, eje que se desgasta progresivamente. La obra se desarrolla ante la mirada escéptica de la narradora, quien se abstiene de juzgar las acciones que presencia, inventa y adivina.

En El castillo de la memoria (1996), Nolla realiza una investigación literaria sobre la historia de la hispanidad en Puerto Rico. La mirada de la autora descubre en cada personaje la sustancia que encarna, ya sea el conquistador padeciendo el infierno que supone el mito de la inmortalidad, o el hermano que enfrenta su destino al quitarle la vida a su propio hermano, y en cada época, una fabulación certera de los acontecimientos.

En la novela El manuscrito de Miramar (1998), Nolla cuenta la historia paralela de Sonia Sabater y su hija María Isabel. A través del hallazgo de un manuscrito, la hija descubre el secreto de la madre y devela ante el lector su historia. Los personajes protagónicos, nos revelan sus encuentros con los hombres y la forma de vivirlos. En esta novela el silencio se personifica como una celda para las mujeres, como una muralla y un refugio en su marginalidad ante el patriarcado.

Rosas de papel (2009) es la obra póstuma de Olga Nolla. Es una novela en la que las historias personales se convierten en materiales para construir la historia de una nación. En esta historia, la familia Herrera Sanmartín, guiados por doña Josefa, matriarca del clan, van encontrando su destino en una realidad mixta, que se divide entre su herencia española, su presente regido por Norteamérica y su propia cultura puertorriqueña.

Nolla y la Generación del setenta

La generación del setenta fue una era de la casi transculturación social puertorriqueña. Este cambio cultural que ocurrió inesperadamente en Puerto Rico creó una nostalgia de lo que era la perspectiva del puertorriqueño de la época.   Como rasgo importante sobre la literatura de esta década se comenzó a escribir utilizando el habla popular y se crearon, nuevas formas gramaticales y de expresión oral, para representar el habla del puertorriqueño actual. De esa forma, se creó un lenguaje propio, para batallar aquello que destruía la gran identidad nacional de Puerto Rico. Autores como Luis Rafael Sánchez, Ana Lydia Vega, Rosario Ferré, Magali García Ramis y Olga Nolla, entre otros, fueron protagonistas de ese gran cambio sociolingüístico, en el ámbito literario, que se dio en esa época.

Otro dato importante es que con el movimiento feminista moderno durante los años sesenta, llega una nueva oleada del feminismo a Puerto Rico. Ahora las mujeres son más representadas en todas las áreas del trabajo, como la política y el arte. La mujer puertorriqueña también dio el paso hacia este gran cambio. A partir de entonces, el feminismo se puede ver a través de los cuentos y novelas, en los que las escritoras puertorriqueñas representan mujeres en sus obras, de todas las clases sociales, para denunciar la opresión machista de esa época. La mujer puertorriqueña, por fin, había logrado lanzarse al mundo con méritos que no podían ser ignorados. Para este periodo las escritoras destacadas eran Rosario Ferré, Magali García Ramis, Carmen Lugo Filippi, Mayra Montero, Ana Lydia Vega y Olga Nolla.

Barradas, citado por Caballero (28), afirma que en la literatura de la Generación del setenta las narraciones se destacan por la fusión de una voz narrativa y voz de los personajes; por su fascinación por lo histórico entendido en términos estéticos; por la nueva identificación que en ellos se establece con el proletariado puertorriqueño, con el mundo antillano y con el resto de América Latina. Dice que se emplea el lenguaje de las clases económicamente bajas como base para la creación de una lengua literaria propia; por la presentación indirecta de la decadencia de la clase media de raíces decimonónicas; por su aporte de un punto de vista femenino y feminista y por su conciencia de la literaturidad del propio texto.

Caballero añade que en la literatura de la Generación del setenta no hay evasión de la realidad inmediata, pero dice que la vieja denuncia es menos retórica y parte, en ocasiones, de lo autobiográfico para llegar a una universalización más acorde con las técnicas de boom hispanoamericano (28).

Por otro lado, Vega citado por Caballero (29), señaló que hay tres formas de enfrentar el trasnochado realismo social. Las destacó de esta manera: la escritura realista experimental, la escritura mágica y mítico-maravillosa y la escritura cómico-grotesca. Según Vega, estas maneras constituyen el azogue del nuevo espejo de la narrativa puertorriqueña del setenta.

La importancia de las revistas literarias puertorriqueñas

De acuerdo con Díaz, para muchos intelectuales y escritores, el periodismo literario y cultural podría ser ese primer territorio de experimentación creativa. En dicho territorio, el ejercicio de la palabra encuentra sus tácticas y modela su estilo. Por ese motivo, no es de extrañar que muchos de los escritores hayan catapultado su carrera literaria de dicha manera. 

Ella señala que, en el Caribe, ese fenómeno definitivamente no ha sido la excepción. En las fronteras de muchas de las revistas literarias, los intelectuales caribeños han hallado un resonante campo de expresión. Entre 1930 y 1950, varias revistas caribeñas proveyeron un hogar, tanto para aquellos autores que comenzaban a ser conocidos internacionalmente, como para los hacedores de la palabra que estaban más establecidos. Con ese espíritu, el periodismo literario fue el espacio ideal para cultivar la realidad con guiños de ficción junto al ensayo, la novela, el cuento y otros géneros de la literatura. 

De acuerdo con nuestras investigaciones, en Puerto Rico, las mujeres tuvieron un papel resonante en el desarrollo de las revistas literarias, a la luz de las revistas Zona de Carga y Descarga (1972-1975) –fundada por las escritoras Rosario Ferré y Olga Nolla, Asomante (1945-1970) y Sin nombre (1970-1985) –ambas fundadas y dirigidas por la autora y abogada Nilita Vientós Gastón–. En el caso de Zona de Carga y Descarga, hacedores de la palabra de la talla de Manuel Ramos Otero, Arcadio Díaz Quiñones, Emilio Díaz Valcárcel, Vanessa Droz, José Luis González, Pedro Pietri y Aurea María Sotomayor, entre otras voces, configuraron un verdadero mosaico narrativo.

En 1972 Rosario Ferré junto a Olga Nolla, fundó y dirigió una de las revistas crítico-literarias más importantes de Puerto Rico y de América Latina, Zona de Carga y Descarga (1972-1975). Esta revista se especializó en la difusión de la nueva literatura puertorriqueña. En «Las revistas literarias: Poesía, política, cultura», Rubén González señala que de las revistas literarias

publicadas en los años sesenta y principios de la década del ochenta, Zona de Carga y Descarga se mostró como la más abundante en perspectivas, la que desplazaba un mayor dominio sobre el terreno literario puertorriqueño.

Palmer López (n. pag.) señaló en “Rosario Ferré y la generación del setenta: evolución estética y literaria” que uno de los objetivos principales de los editores de Zona de Carga y Descarga fue la preocupación por crear un diálogo entre estudiantes, profesores, escritores y críticos literarios a fin de llevar a la toma de conciencia tanto de nuestra realidad social como de nuestra realidad literaria. La línea editorial de la revista insistía en la necesidad de una crítica literaria puertorriqueña que contribuyera en la continuidad de la producción literaria. Otro objetivo de Zona de Carga y Descarga fue determinar la función de la literatura, de la producción cultural como significante en la reorganización de la sociedad. Es decir, que la literatura debía cumplir una función sociopolítica de denuncia y contribuir en la promoción del sentido de identidad nacional y cultural, pero cuidándose de no caer en la «panfletería”. 

Según Palmer López, Zona de Carga y Descarga contribuyó también en la discusión y difusión de temas feministas a favor de la liberación femenina, que en la década de 1970 comenzaba a cristalizarse nuevamente, siendo sobre todo vehículo de expresión en contra de los tabúes sexuales y religiosos.

De acuerdo con lo que Díaz presenta en “Las revistas literarias: cónclaves de los intelectuales caribeños” Asomante, de otra parte, tuvo a su haber la publicación de trabajos de René Marqués y Luis Rafael Sánchez, mientras les dio voz a las intelectuales Margot Arce de Vázquez, Concha Meléndez y María Teresa Babín, como sus críticas de literatura. Esta publicación trimestral también acogió y publicó trabajos de Abelardo Díaz Alfaro, Francisco Matos Paoli y Pedro Juan Soto, por mencionar algunos de los autores puertorriqueños que gozaron del mencionado campo de exploración literaria. 

Se ha destacado que la propuesta editorial de este little magazine (como les llama Díaz a las revistas literarias) era un combate férreo al insularismo intelectual y cultural de Puerto Rico, sin adentrarse en una posición política. Esto pese a que Vientós Gastón y algunos de los colaboradores nunca escondieron su defensa por la independencia de la isla. La apertura al mundo hispanoparlante nunca cesó en Asomante, incluso antes de salir su primer número, el poeta español Pedro Salinas contribuyó al nombre y a la fundación de la publicación. De hecho, el hispanista Leo Spitzer, el español Jorge Guillén y el mexicano Alfonso Reyes serían algunas de esas voces que hallarían en esta revista un territorio que ansiaba y respetaba su creación.

Díaz señala que el silencio le llegó a esta revista por un pleito legal debido a diferencias editoriales con la Asociación de Graduadas de la Universidad de Puerto Rico (quienes costeaban los gastos de Asomante). Pese a ello, la revista continuó su vida mediante la publicación de Sin nombre. Entre ambas –abarcando todos los géneros literarios y dándole espacio a la traducción de grandes autores del momento–, escritores puertorriqueños pudieron publicar para ser leídos en Puerto Rico y en el extranjero.

Honor a quien honor merece

A pesar del viejo dicho: “Nadie es profeta en su propia tierra” es necesario catapultar las aportaciones que Olga Nolla dejó a nuestras letras hispánicas, a nuestra institución universitaria y al quehacer académico y cultural en general. Estas breves notas demuestran que estamos ante una profesional que dedicó gran parte de su vida al noble oficio del magisterio que es una de las profesiones que más entrega requiere y que más contribuye al desarrollo de una nación. Así también a la investigación, a la promoción y difusión de revistas literarias, a encuentros y conversatorios con colegas nativos e internacionales sobre temas históricos-literarios, a la poesía, al cuento, a la novela. Olga Nolla deja un legado importante no solo a través de sus obras, que aún estudiamos y disfrutamos, también es un modelo de una mujer que desempeñó varios roles en un momento histórico en el que las mujeres luchaban por destacar fuera de los espacios domésticos. Los invito a abrir el viejo baúl, a leer sus manuscritos y reescribir la historia porque al fin y al cabo es la historia de todos nosotros. Honor a quien honor merece.

Nota aclaratoria:

Partes de este texto fueron tomados de la tesis “La metáfora de la mirada en los personajes femeninos de la narrativa de Olga Nolla y Ángeles Mastretta”, presentada como requisito doctoral del Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe en 2016 y publicada por la Editorial Académica Española en 2019.

Algunos libros de Olga Nolla

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Sobre la autora

Consuelo Mar -Justiniano se desempeña como profesora universitaria, bloguera, colaboradora radial, redactora, editora y gestora cultural. Tiene un doctorado en Filosofía y Letras con especialidad en Literatura de Puerto Rico y el Caribe del Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe. Es autora del libro Soltera con Compromiso “Guía para criar sin volverse loca”, del poemario Inconcluso.S. y del texto La metáfora de la mirada en los personajes femeninos de la narrativa de Olga Nolla y Ángeles Mastretta. Este último fue su tesis doctoral y fue publicado por la Editorial Académica Española. Actualmente trabaja en el poemario La niña del buen amor.


Fotos de Olga Nolla donadas por Caridad Sorondo y digitalizadas por Bryan Suárez.